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17.11.08

Life on mars

"Now she walks through her sunken dream
To the seats with the clearest view
And she's hooked to the silver screen
But the film is a sadd'ning bore
For she's lived it ten times or more"


N me la trajo de vuelta hace unos meses, como me trae de vuelta tantos recuerdos. Sin conocerla, no puedo evitar leer lo que escribe y pensar en que habría sido de mi vida si me hubiese quedado. Es inevitable y no hay queja en ello. Sólo segundos de curiosa nostalgia por ese "entonces" de ayer y de mañana. En julio se cumplirán 10 años desde que me fui.

8.12.07

Nieve

Nieve


Afuera se acerca el coche de las nieves

Trayendo su termómetro de ultratumba
Y me adormezco con el ruido del piano lunar
Cuando se estrujan las nubes y cae la lluvia

Cae
Nieve con gusto a universo
Cae
Nieve que huele a mar
VICENTE HUIDOBRO, Invierno Para Beberlo.

Me gusta la nieve. Me gustan los abrigos y la lana; los gorros, las bufandas de colores. Me gustan los lugares donde las estaciones marcan el año. Me gusta el otoño y los inviernos bien educados; esos que saben retirarse antes de incomodar. Me gustan los veranos, pero los de allá abajo, que nos obsequian un respiro al atardecer. Me gusta imaginar a mis amigos cerrando el semestre, poniendo notas y promedios finales; a mis sobrinos ansiando sus vacaciones eternas, esas que nunca más tuvimos. Me gusta ese pequeño gran desfase en que vivimos, nadie adelante ni atrás, cada uno en su estación, su parada, su ciclo.

Nieva sobre Georgetown. A unos metros, el Potomac hace lo imposible por no desentonar.

25.10.07

Chile.

El mundo, no ya como un recorrido que hay que volver a hacer sin parar, no como una carrera sin fin, un desafío que siempre hay que aceptar, no como el único pretexto de acumulación desesperante, ni como ilusión de una conquista, sino como recuperación de un sentido, percepción de una escritura terrestre, de una geografía de la que habíamos olvidado que somos autores.
GEORGES PEREC. Especies de espacios

Cuando era chico, una prima vino a vivir conmigo. Después de un tiempo se fue. Nunca entendí por qué.
Mauro conversando una cerveza en el Journal.


Nada sé de esta foto. La encontré en una caja en la casa de mi abuela. Me dijeron que posiblemente había sido tomada en Puerto Montt. No se sabe nada más. Me gusta interrogar el velero a lo lejos, el gesto de los cuerpos. La posición de los brazos y el viento moviendo las faldas me recuerdan pañuelos al aire. Y pienso en el ritmo de una despedida frente al mar. En la mirada que avanza hacia el horizonte hasta caer y retornar como un eco al propio cuerpo.

Me fui de Chile en julio de 1999, llena de expectativas, de planes y ansias. En mitad del arresto de Pinochet en Londres y a un año de la mesa de diálogo donde se sentaron por primera vez militares y familiares de los detenidos desparecidos. En esa ocasión mi familia me fue a dejar en pleno al aeropuerto, lloraron, yo también. Quizás adivinaban que dos años se transformarían en 8 o en un para siempre. A veces la gente que está cerca nos reconoce mejor de lo que imaginamos. Mis padres sabían que en algún momento llenaría mi maleta y partiría lejos. Dicen que soy curiosa y que por eso me aburro con facilidad. A fuerza de distancia y desapego aprendí a sopesar la novedad y a estimar lo cotidiano. A valorar la seguridad que da reconocerse en la mecánica de un gesto. Hoy, a diferencia de ayer, admiro aquello que persiste. Me complace recuperar a las personas y atesorar a aquellas que están. Al contrario de lo que podrían pensar, mi mundo afectivo se me ha hecho cada vez más pequeño y visible. Chile es mi país. Gran parte de mi familia y amigos viven allá. Vuelvo pero sé que no me quedaré. Reconocer ésto hizo mi última visita distinta a las anteriores. Viajé con menos equipaje y, por lo mismo, con menos expectativas. Bajé del avión y busqué la cordillera nevada, esa presencia tan contundente, como el mar pacífico, el Valparaíso de noche, a lo lejos, desde el mar, desde la orilla que me vio crecer. Chile está colmado de esas presencias. De presentimientos, pactos soldados en la nostalgia, confianzas en lo no dicho. De noches de cervezas, vinos, risas, ceviches y mariscos. De caminatas cuesta abajo, de aire salado en las mejillas. De viajes compartidos y clases notables. Bailes eufóricos y ojos que me enseñaron a mirar entre recodos. De “hola hermosa” y barbas estrafalarias. De pasos que me recuerdan y ensayos de despedidas. De ojos que se abren por primera vez, de ciudades que avanzan y se atrapan, se atrapan y desatan. De vidas que siguen un rumbo que aún me contiene.

Con el tiempo te acostumbras a despedirte, a existir sin planes maestros, a canalizar las ansias en aquellos que dan sentido a tu vida. De algo se debe aferrar uno si se vive desplazando. Yo me aferro a convicciones que han sabido sortear coordenadas. Y sí, M, volver es como un beso, pero uno que bebe posibilidad y se calcula al calor de una memoria, un espacio, una "duda" que siempre habrá que conquistar. Tengo la fortuna de besar una geografía conocida, amable, permitida.

Hace 8 años me fui de Chile, pensaba volver en dos, pero me quedé. Hasta ahora no entendía por qué.

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Escucho: Bromptom Oratory. Nick Cave.






9.8.07

40


A propósito de viajes.
Santiago-Copiapó-Viña-Valpo
pa allá voy.

Fotos/Flickr: ClaudioM, Vicho, Piscochile, SergioR

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A propósito de misterios sin resolver.


Ayer salí y al volver, el estante de los DVD tenía algo distinto. Una de las películas estaba medio afuera y el cuadro que va enfrente, estaba corrido hacia la derecha. ¿Alguna explicación?

La película a medio camino es "La vida de los otros" de Florian Henckel-Donnersmarck.


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A propósito de los posts de Gato Mauro, Nadie y Fidelio y sus reflexiónes en torno a esos ritmos vitales.

Esa sería la única "madurez" provista de sentido: el momento en que la torsión súbita de la memoria nos ayuda a distinguir la verdadera altura del presente bajo su calado engañoso.
ERNESTO HERNÁNDEZ BUSTO, Inventario de Saldos

A comienzos de la semana pasada escribí un post que nunca subí. Como no sabía si mi pena era de esas "buenas penas" o simple cansancio nocturno producto de un día de intensa tesis, preferí esperar a la mañana siguiente y ver que onda. La onda fue buena, así que ahí quedó mi post en la sección draft. Como me da pena verlo tirado, lo posteo acá.

Causas y efectos de una tesis inconclusa. Eclipsar el sol por un rato, dejar sus rayos colarse por entre mis dedos y luego volver; volver al edificio de 7 ventanas, a la flor inmortal, a los lápices de colores. A la sinfonía n 5, los cahiers d´art, al Valparaíso enmarcado. Al violinista mirando por la ventana y al ángel que espera su caída. Volver a los muros amarillos, a la luna creciente. A las manos de mi abuela y a su mirada que me susurra: "la vida se nos va veloz". Como decía el poeta de los quince “no hay tiempo que perder”, como no hay alquimia que recupere las caricias atajadas por el vacío, los caminos estrenados por complacencia. Qué hacer cuando ya no existen depresiones, exámenes o corazones vacilantes a quienes culpar. Cuando te llega la hora, el minuto, el segundo y caes en la cuenta que tomaste el camino equivocado y no consigues dar con el atajo. Haberse creído el cuento, haber saltado y caído. Un pie se atascó en la malla de seguridad y no logro zafarlo. Parto a Chile mañana en la noche. Necesito cargar pilas. Volver a las coordenadas iniciales, a ese primer impulso.

UPDATE: Partía a Chile, como algunos sabrán, la muy pava perdí el vuelo. Nadie puede ser tan despista, I know. Llego el viernes.


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A propósito del post de Cinodo y su afición por las miniaturas.

This is the utopian moment of travel: when you realize that what seems most unattainably marvelous, most desirable, is what you almost already have, what you could have -if you could only strip away the banality and corruption of the everyday- at home.
STEPHEN GREENBLATT, Marvelous Possesions

Anoche, mientras leía "Gulliver´s Travels", me encontré con este pasaje que creo le gustará a mi amiga:

"Aunque es mi propósito dejar la descripción de este imperio para un tratado particular, me complace, en tanto, obsequiar al curioso lector con algunas nociones generales. De poco menos de seis pulgadas de alto los naturales de estatura media, hay exacta proporción en los demás animales, así como en árboles y plantas. Por ejemplo: los caballos y bueyes más grandes tienen de cuatro a cinco pulgadas de altura; los carneros, pulgada y media, poco más o menos; los gansos, el tamaño de un gorrión aproximadamente; y así las varias gradaciones en sentido descendente, hasta llegar a los más pequeños, que para mi vista eran casi imperceptibles. Pero la Naturaleza ha adaptado los ojos de los liliputienses a todos los objetos propios para su visión; ven con gran exactitud, pero no a gran distancia. Como testimonio de la agudeza de su vista para los objetos cercanos puedo mencionar la diversión que me produjo observar cómo un cocinero pelaba una calandria que no llegaba al tamaño de una mosca corriente, y cómo una niña enhebraba una aguja invisible con una seda invisible. Sus árboles más crecidos son de unos siete pies de altura; me refiero a algunos de los existentes en el gran parque real, y a las copas de los cuales llegaba yo justamente con el puño. Los otros vegetales están en la misma proporción; pero esto lo dejo a la imaginación de los lectores." JONATHAN SWIFT, Viajes de Gulliver.


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A propósito de colecciones.


Coleccionar arte no tiene una historia tan larga como la jardinería, pero coleccionar es quizás una tendencia tan profundamente arraigada en la psique humana como la de la jardinería -no hablo del cultivo sino de la jardinería como arte-.
ARTHUR C. DANTO, Después del Fin del Arte


Una foto de mi colección de gomas de borrar (parte of course). También colecciono magnetos y cajas enanas. Así que ya saben, es fácil y económico hacerme regalos.


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A propósito de películas
-no podía faltar, Cronista-

El viernes pasado fui a ver "The Bourne Ultimatum". La primera de la trilogía la vi en Nueva York, la segunda en Viña con el Rodrigo M, quien aún me tiene dos DVD de esos que no se pueden dejar pasar:



La tercera me tocó en Washington, DC.
Veredicto: es entretenida, pero eso sí, hay que verla en pantalla super gigante.


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A propósito de cool links.

Y bueno, para no desentonar, acá va mi cool link. Esta vez son fotos a las que se les aplica el efecto droste escheriano.
Link vía E.

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A propósito de música.

Para escuchar: onda pettinellis in a cueca style (como diría Don Tuerten).
Hay que irse preparando pa septiembre. Salu!

20.9.05

6 y Le cadavre exquis


En julio de 1999 traspasé la frontera. Siempre había querido vivir fuera, pero creo que se me pasó un poco la mano y ahora lamentablemente debo sufrir las consecuencias, que por lo que estoy viendo, son irreversibles. En marzo de 2005 volví y este 18 fue el primero que pasé en tierra chilena después de casi seis años. La otra vez leía no sé donde (nada extraño en mí, podría excusarme diciendo que tengo memoria selectiva, pero bueno, eso implica voluntad, mi memoria, por decirlo de alguna forma, es más bien residual) que los 18 que se pasan fuera de Chile son más 18. Pensaba en eso: ¿por qué será que la nostalgia nos lleva a la exageración? Algo de desesperado tiene esa voluntad por el pasado. Pero no sé, tal vez es simplemente la constatación de que el tiempo se ha perdido y que su recreación carga con cierta acentuación subjetiva, emotiva y lo más importante; selectiva. Se busca recuperar el tiempo a sabiendas de que éste no vuelve. Y así, se actúan en un solo momento todos los 18 que precedieron, pero selectivamente. Es que si nunca te gustaron las pasas en la empandas, ahora, en tu gran acto; compras empandas sin pasas y dejas fuera a las tías chillonas y los asados con lluvia. Ese perfeccionismo en el recuerdo remarca el artificio temporal. Y me puse latera. El punto es que quería hablar de lo que hice este 18. Para mi sorpresa no fui a ramadas. No escuché cuecas, ni cumbias. No fui a las dunas a encumbrar volantines, ni estrené tenida nueva. Este 18 me levanté tarde, comí ostras con limón y unos anticuchos en parilla eléctrica, que por error de corte, no incluyeron carne. Estaban ricos y no por afán vegetariano (a falta de carne tenían mucho chorizo y vienesas). En la noche fui al bar de siempre, tomé unas cervezas (Kunstmann Torobayo, que buenas son), conversé con el Mauro y jugamos al cadáver exquisito. Me reí mucho y después me dormí. Al final se trataba de eso. De llegar a tu cama con un sonrisa que no sabes exactamente de dónde viene. De dejar las presiones de la memoria y vivir el 18 que te toca.
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Foto: Polaf

18.9.05

5 y alas

C dice que soñó conmigo. Un suicidio. Colectivo esta vez. Me convertía en un ángel azul con alas de concreto doradas. Soñaba con miedo. Temía por el peso de la gravedad desplegada. Para su asombro mis alas se abrían enormes elevándome. Fue hermoso escucharla. Su pelo dorado enmarcando mi soñada levedad. Me gustó ser un ángel. Recuperar mis alas. Esas que un día mutilé mientras dibujaba y que sólo he podido recuperar en el sueño de mi amiga maga y en un cuento que alguien me escribió hace años ya.
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Dibujo: Polaf

14.9.05

4 y el mar


Cambio de ventana. De cordillera a mar. Sí, estoy en Viña. Estoy con mis amigos, esos que ya considero mi familia. C duerme (espero sueñe algo lindo, algo así como correr por el agua o con ese mundo que un día le pinté). El Mauro escribe y yo la copiona hago lo mismo. Es un poco raro eso de andar mirando como otro escribe. Escuchamos a Rosario. Un poco melancólico, pero tampoco demasiado, son tan sólo las 11:52 de la mañana. El Mauro me dice que está triste. Yo lo sé. Como también sé de la pena de C. Extraña sensación. Inconmesurable tristeza que prefiere no traducirse en palabras y que a fuerza de silencio se siente más, duele más.
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Pintura: Polaf

12.9.05

3 y rojo


Qué puedo decir, este fin de semana no fue de lo más entretenido. Pensaba ir a bailar el sábado y, hoy lunes, quería escuchar a Moby, pero los ojos me lagrimeaban y mis párpados mostraban vestigios de horas de llanto sin dolor. ¿Cómo explicarle al mirón en la calle que no era tristeza sino simple resfrío? La gente siempre tiende a pensar lo peor y, bueno, yo me incluyo en esa tendencia un tanto tremendista. Ahora, debo reconocer que últimamente he tomado la manía de pensar tanto las cosas, que casi logro quitarles su coherencia. Las cosas cuando pierden su cordura parecen ser menos terribles. Es que al final, esa resistencia a la realidad termina por incluirnos también a nosotros.

Mientras escribo, en la tele, pasan una película Argentina. El protagonista es un profesor de estética y psicópata de mentira que habla de De Quincey. El actor es el que salía en El lado oscuro del corazón, o para las generaciones de después de los ochenta; el que actuaba en la penúltima de Almodóvar, Habla con ella. Me intriga un poco, es decir, más bien atrae mi mirada. La sala proyectada tiene un piso rojo intenso. Sí, ando un poco pegada con el rojo (creo que ando pegada desde que pedí cuando chica que me compraran unos zapatos de ese color). Aún no he podido dejarlo. La serie sigue siendo roja y negra, aunque hoy por la mañana, al pintar el octavo cuadro, sentí algo así como tedio. Creo que es una señal clara de que pronto debo cambiar. Espero que ese cambio de color implique también un vuelco de vida. Es que lo necesito. Me urge llegar al otro lado. ¿De qué color será?

PD: La película se llama Palabras Encadenadas y el asesino era de verdad.

Foto: Polaf ©

9.9.05

2 y música

Foto: Polaf ©

Nunca arribo completamente al otro lado. Siempre llego partiendo, ausentándome. Tantos adioses comentaba el otro día a mi amigo. Acabo de cortar entre titubeos. Con ganas de acariciar el otro extremo. Qué doloroso es ser testigo del destino. El Mauro pone música. Recién escuchábamos a Sabina, ahora a los Cadillacs:
Saber si hay vida normal afuera de mi soledad... vivir así con vos, crecer juntos los dos, olvidarlo todo, morir de amor.

Espero por la próxima canción: Soda Stereo. Andamos de español, de cono sur. Esta foto es de ese sur, el de horizontes salados. Los Soda Stereo me traen muchos recuerdos y justo empieza a sonar el pianito de Moby y me traslado al norte; al otro lado: "Why does my heart feel so bad, why does my soul feel so bad", y creo llegar a mi asiento en el tren, a mi walkman rojo; al viento helando mi cara en la plataforma, al horizonte iluminando alturas.

Ahora Porthishead. Pero extrañamente no el triste. Eso sería demasiado. Pero quiero algo un poco más melancólico y el Mauro me da en el gusto. Reconozco la melodía, pero no al grupo. Tengo que detener mis dedos que ansiosos esperan por una seña. Debo preguntar: Tosca (no la opera). Y ahora Radiohead. Termina con Beethoven: hermoso.

El horizonte expira, siempre expira.